Manualidades con niños sin estrés (ni para ellos ni para ti)
Hacer manualidades con niños es maravilloso, pero puede acabar en caos y frustración. Unas claves lo convierten en un buen rato para todos.
Hacer manualidades con niños es uno de los mejores planes que existen: les estimula la creatividad, los entretiene sin pantallas, desarrolla su destreza y crea momentos juntos preciosos. Pero también puede convertirse en una fuente de estrés y frustración si se afronta mal, acabando en pintura por todas partes, niños aburridos y adultos perdiendo los nervios. La diferencia entre un plan maravilloso y un caos suele estar en unas cuantas claves sencillas, sobre todo en las expectativas.
Ajusta las expectativas
La clave número uno, y la que más estrés evita, es ajustar las expectativas. Para un niño, lo importante de una manualidad no es que el resultado quede bonito y perfecto, sino el placer de hacerlo, de experimentar, de crear a su manera. Si pretendes que salga como en la foto de internet y corriges constantemente, frustras al niño y te frustras tú. Suelta esa idea: deja que lo hagan ellos, a su manera, aunque quede imperfecto o caótico. Para ellos, ese churro de colores es una obra maestra, y el rato pasado creándola, lo que de verdad importa.
Elige algo acorde a su edad
Otro factor clave es elegir una manualidad adecuada a la edad y la capacidad del niño. Algo demasiado difícil lo frustra y lo aburre, y algo demasiado simple no le engancha. Pintar, pegar, recortar cosas sencillas, modelar plastilina, manualidades de papel fáciles funcionan muy bien con los más pequeños. A medida que crecen, pueden con cosas más elaboradas. Acertar con una actividad que esté a su alcance pero que les suponga un pequeño reto es lo que hace que disfruten y se mantengan interesados.
Para un niño, lo importante de una manualidad no es que quede bonita, es hacerla. Suelta el resultado perfecto y todo deja de ser un estrés.
Prepara y protege antes de empezar
Buena parte de los dramas se evitan con preparación. Antes de empezar, ten todo el material listo y a mano, y sobre todo protege la zona: cubre la mesa, ten a los niños con ropa que se pueda manchar o un babero, prepara para limpiar. Asumir desde el principio que se va a ensuciar y prepararse para ello, en lugar de estar pendiente y angustiado por las manchas, cambia por completo la experiencia. Si la pintura en la mesa ya no es un problema porque estaba protegida, puedes relajarte y disfrutar del rato.
Disfruta del proceso
Al final, la mejor actitud es centrarse en el proceso y no en el resultado. El objetivo no es producir una obra de arte, sino pasar un buen rato juntos, que el niño cree, experimente y se divierta. Si te lo tomas así, sin prisa, sin exigencia, participando y disfrutando con ellos en lugar de dirigiendo y corrigiendo, las manualidades con niños se convierten en lo que deberían ser: un plan relajado y feliz para todos, lleno de risas, color y creatividad, del que quedan recuerdos preciosos.
Un plan que une
Las manualidades con niños, bien planteadas, son un regalo: para ellos, por todo lo que les aportan, y para los adultos, por los ratos compartidos. La fórmula contra el estrés es sencilla: ajusta las expectativas y olvida la perfección, elige algo acorde a su edad, prepara y protege antes de empezar, y disfruta del proceso sin obsesionarte con el resultado. Con eso, lo que podría ser un caos se convierte en uno de esos planes que tanto los niños como tú recordaréis con cariño.
3 comentarios
Cuando dejé de pretender que quedara perfecto y los dejé crear a su manera, las manualidades con mis hijos pasaron a ser un planazo. Cambio de chip total.
Lo de preparar todo y proteger la mesa antes de empezar evita la mitad de los dramas. Y elegir algo acorde a su edad. Sentido común.
Disfrutar del proceso y no obsesionarse con el resultado es la clave. Para ellos lo importante es hacerlo, no que quede bonito.