El ganchillo: más fácil de lo que parece y muy agradecido
El ganchillo intimida por sus puntos con nombres raros, pero se basa en pocos gestos. Y con una sola aguja y lana se hace de todo.
El ganchillo, también llamado crochet, asusta a muchos principiantes por sus puntos con nombres extraños y esos patrones llenos de símbolos. Pero esa fama de complicado es injusta: en el fondo, el ganchillo se basa en unos pocos gestos sencillos, y con una sola aguja y lana se puede hacer una variedad enorme de cosas, desde posavasos hasta mantas, ropa o esos adorables muñequitos. Es una técnica muy agradecida y, para muchos, incluso más fácil de empezar que el punto.
Una sola aguja
Una ventaja del ganchillo frente al punto de dos agujas es precisamente esa: se trabaja con una sola aguja, la de ganchillo, que tiene un pequeño gancho en la punta. Eso hace que no se te caigan los puntos como puede pasar con las dos agujas, porque en cada momento solo tienes un punto activo en la aguja. Para mucha gente, eso lo hace más fácil de controlar al empezar. Una aguja, un ovillo y a aprender: el equipo no puede ser más sencillo.
Pocos puntos, muchas posibilidades
Aunque los nombres asusten, los puntos básicos del ganchillo son pocos y se aprenden rápido. La cadeneta, que es la base, el punto bajo, el punto alto y un par más. Con esos pocos puntos, combinándolos, se hace prácticamente de todo. Como en el punto, la clave es repetir el gesto hasta que las manos lo automatizan. Una vez dominas esos puntos básicos, puedes seguir casi cualquier patrón, porque casi todo se construye a partir de ellos. Pocos gestos, infinitas posibilidades.
El ganchillo parece complicado por los nombres raros de los puntos, pero son cuatro gestos. Apréndelos y harás casi cualquier cosa.
Empieza por algo plano
Como en cualquier técnica, conviene empezar por proyectos sencillos. Algo plano y pequeño, como unos posavasos, un cuadradito o una bufanda, es perfecto para practicar los puntos sin complicarse con formas ni con seguir un patrón difícil. Esos primeros proyectos te enseñan a manejar la aguja y la lana, a mantener la tensión, a contar los puntos. Con buena base, ya pasarás a cosas con forma. Empezar por lo plano y sencillo evita la frustración y construye la confianza.
El gancho de los amigurumis
Una puerta de entrada al ganchillo que engancha a muchísima gente son los amigurumis, esos muñequitos y figuras de ganchillo, normalmente pequeños y adorables. Se hacen con técnicas sencillas, dan un resultado muy vistoso y satisfactorio, y son ideales para regalar. Mucha gente que se inicia en el ganchillo lo hace con un amigurumi y acaba enganchada, haciendo uno tras otro. Si los puntos planos te aburren, probar con un muñequito puede ser justo la motivación que necesitas.
Una afición portátil y relajante
El ganchillo, como el punto, es una afición relajante, creativa y muy portátil: una aguja y un ovillo caben en cualquier bolso y se puede tejer en cualquier rato. Y es muy agradecido, porque con poco tiempo y pocos materiales se obtienen resultados bonitos y útiles. Empieza por proyectos planos y sencillos, aprende los pocos puntos básicos sin dejarte intimidar por los nombres, y déjate enganchar. Pronto verás que el ganchillo era mucho más fácil y más adictivo de lo que parecía.
3 comentarios
Empecé el ganchillo con un vídeo y unos posavasos y enganché. Con cuatro puntos haces mil cosas. Más fácil que el punto, para mí.
Lo bueno del ganchillo es que solo hay una aguja, no se te caen los puntos como en el punto de dos agujas. Para empezar, genial.
Los amigurumis, esos muñequitos de ganchillo, son adictivos. Empiezas por uno y acabas haciendo regalos para toda la familia.