Hilo y aguja

Hacer punto: cómo empezar a tejer desde cero

Tejer engancha, relaja y al final tienes algo hecho por ti. Y empezar es mucho más fácil de lo que parece: dos agujas y paciencia.

Por Carmen Olmedo ·28 de mayo de 2026 ·3 min de lectura
Hacer punto: cómo empezar a tejer desde cero
Tejer es de esas aficiones que calman la cabeza mientras crean algo con las manos.

Hacer punto tiene algo casi mágico: con dos agujas y un ovillo de lana, y un poco de paciencia, se va creando algo de la nada, vuelta a vuelta, hasta tener una prenda hecha por ti. Además relaja como pocas cosas, ocupa las manos y la cabeza, y engancha enseguida. Y, al contrario de lo que mucha gente piensa, empezar a tejer es sencillo: no hace falta ningún talento especial, solo ganas de aprender y aceptar que al principio saldrá regular.

Lo que necesitas para empezar

El equipo básico para empezar a tejer es mínimo y barato: un par de agujas y un ovillo de lana, poco más. Para los primeros pasos, conviene elegir unas agujas no muy finas y una lana gruesa, porque los puntos son más grandes, se ven mejor, son más fáciles de manejar y el trabajo avanza rápido, lo que anima muchísimo cuando empiezas. Con lana fina y agujas pequeñas, los principiantes se desesperan. Empieza con material que te lo ponga fácil.

Los dos puntos básicos

Tejer se basa, en el fondo, en muy pocos gestos. Los dos puntos fundamentales, el del derecho y el del revés, son la base de casi todo, y combinándolos se hacen un montón de tejidos distintos. Al principio cuesta, las manos no saben, los puntos se caen, pero es solo cuestión de repetir hasta que el gesto se automatiza. En poco tiempo, las manos aprenden solas y tejes casi sin pensar. Dominar esos dos puntos básicos es tener el ochenta por ciento del camino hecho.

Tejer no es cuestión de talento, es cuestión de repetir hasta que las manos aprenden solas. Y entonces, ya no paras.

Empieza por algo recto y sencillo

El primer proyecto debería ser sencillo y sin formas complicadas, para concentrarte en aprender los puntos sin agobios. Una bufanda recta es el clásico proyecto de iniciación por algo: es solo tejer en línea recta, sin aumentos ni disminuciones ni cierres complicados, así que practicas el punto sin más. Ver cómo esa bufanda crece poco a poco con tus manos es la mejor motivación para seguir. Las cosas con forma, los jerséis, los gorros, ya llegarán cuando domines lo básico.

Equivocarse es parte del proceso

Algo importante para no frustrarse: al principio te vas a equivocar mucho, y eso es completamente normal. Se caen puntos, salen agujeros, el tejido queda torcido. No pasa nada. Deshacer lo hecho y volver a empezar es parte natural del aprendizaje, no un fracaso, y de cada error se aprende. Nadie teje bien la primera bufanda. Acepta los tropiezos con paciencia, deshaz sin dramas cuando haga falta y sigue: la mejora llega sola con la práctica.

El placer de lo hecho a mano

Una vez le coges el gusto, tejer se convierte en una afición de las que acompañan toda la vida: relaja, ocupa las manos en cualquier rato muerto, y te da la satisfacción de crear cosas tú misma, e incluso de regalarlas. Empieza por lo sencillo, con buen material, ten paciencia con los errores y disfruta del proceso más que del resultado. Pronto descubrirás por qué tanta gente teje para desconectar: pocas aficiones combinan tan bien la calma y la creación.

3 comentarios

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Lorena30 de mayo de 2026

Empecé con una bufanda recta y aunque al principio se me caían los puntos, ahora tejo en el autobús para desconectar. Engancha de verdad.

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Marta4 de junio de 2026

Lo de empezar con un proyecto sencillo y lana gruesa para ver avances rápido es buen consejo. Con lana fina me desesperaba.

P
Pili11 de junio de 2026

No hay que tener miedo a deshacer y volver a empezar. Se aprende equivocándose. Yo deshice la primera bufanda tres veces.

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